Man in Black abre con ron y tabaco, algo que no muchos perfumes se animan a hacer. El N51 es nuestra equivalencia.
La salida es especiada, con el ron dándole un dulzor alcohólico y el tabaco la parte seca. No hay cítrico que suavice, arranca directo. El corazón combina cuero, iris y nardos: el cuero sostiene la estructura y los nardos meten una flor blanca densa que lo hace más interesante de lo que se espera. El fondo de haba tonka, madera de gaiac y benjuí cierra resinoso y cálido.
Al ser un extracto de alta concentración, ese fondo resinoso se instala temprano y permanece durante toda la jornada.
Otoño e invierno, de noche. Es un perfume de presencia, pensado para el frío. En verano se vuelve demasiado.
Respecto del original, conserva el arranque de ron y tabaco y la caída hacia el cuero con benjuí que define a Man in Black.