El primer perfume de Carolina Herrera sigue siendo una referencia de floral blanco, y el N52 es nuestra equivalencia.
La apertura de chabacano y azahar es corta y funciona como antesala. El corazón es lo que importa y es enorme: nardo de la India adelante, con jazmín, jazmín español, ylang-ylang, madreselva, narciso, jacinto y muguete armando un ramo blanco muy completo. Es denso, pero cada flor se distingue. El fondo de almizcle, musgo de roble, ámbar, sándalo, vetiver y cedro le da una base clásica, con la algalia aportando ese carácter animal que ya casi no se usa.
Al ser un extracto de alta concentración, ese ramo floral se sostiene con claridad durante toda la jornada.
Es atemporal y sirve tanto de día como de noche. De esos perfumes que no pasan de moda porque nunca estuvieron de moda.
Respecto del original, mantiene la densidad del nardo con jazmín y el fondo clásico de musgo de roble.